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Día 7: Bendito el hombre que confía en el Señor y pone su confianza en él. Jeremías 17:7

Existen dos tipos de personas los que confían en el ser humano o en otros dioses y los que confían en Dios, el pueblo de Judá confiaba en dioses falsos y en alianzas militares y no en Dios. Por lo tanto, fueron áridos y sin frutos. En contraste, los que confían en el Señor florecen como árboles plantados junto al agua como dice el Salmo 1:3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará. En tiempos difíciles, quienes confían en el ser humano se empobrecerán y serán débiles espiritualmente, así que no tendrán fuerzas a las que recurrir. Sin embargo, quienes confiamos en el Señor tendremos abundante fortaleza, no solo para nuestras necesidades, sino para las de los demás. ¿Estás satisfecho de no llevar frutos o por el contrario como árbol bien regado, tiene fuerzas para los tiempos de crisis y algo más para dar a otros mientras usted lleva fruto para el Señor ?


Varios versículos en el libro de los salmos y proverbios describen a quienes confían en Dios como dichosos y bienaventurados, la palabra dichoso, describe a alguien que se siente plenamente satisfecho por gozar de todo lo que desea o por disfrutar de algo bueno y la palabra bienaventurado describe a alguien que es afortunado y feliz; sabes algo? en mi caso personal, creo que la felicidad está en disfrutar de lo que tenemos en el momento en que lo tenemos, y no hablo de riquezas, hablo de lugares, de la iglesia, de los amigos, de la familia, de los días de descanso, de la buena compañía, de poder gozar y disfrutar de todo esto, lo que nos dice esta palabra es que si confiamos en el Señor podremos disfrutar y ser felices y dar fruto en todas las áreas de nuestra vida.


Oremos: Dios hoy quiero decirte que confío en ti, que creo en que tu voluntad es buena, agradable y perfecta, que tomo la decisión de confiar en que lo que sucede a diario en mi vida viene de ti y que tu estás detrás de todo. Como le pasó a Pedro al caminar sobre las aguas a veces vemos más las olas y las dificultades que a tus ojos; por eso aunque vea las olas y el mar agitado, aunque no entienda porque no calmas la tormenta decido ver tus ojos y caminar confiado. Entrego mi vida en tus manos, mi día entero y todo lo que debo hacer, quiero dar fruto y fruto en abundancia. En el poderoso nombre de Jesús. Amén.