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Día 60: La paz les dejo; mi paz les doy. No se angustien ni se acobarden. Juan 14:27

Jesús prometió a los discípulos que el Espíritu Santo los ayudaría a recordar lo que Él les enseñó. Esta promesa asegura la validez del nuevo testamento. Los discípulos fueron testigos de la vida y las enseñanzas de Jesús, y el Espíritu Santo los ayudó a recordar sin omitir sus perspectivas individuales. Podemos confiar en que los Evangelios narran muy bien lo que Jesús enseñó e hizo. El Espíritu Santo puede ayudarnos de la misma manera. Al estudiar la biblia, podemos confiar que Él plantará la verdad en nuestra mente, nos convencerá de la voluntad de Dios y nos la recordará cuando nos apartemos de ella.


El resultado final de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas es una paz profunda y duradera. A Diferencia de la paz del mundo cuya definición suele ser la ausencia de conflicto, esta paz es una confiada seguridad en cualquier circunstancia, con la paz de Cristo no tendrémos porque temer al presente ni al futuro. Si tu vida está cargada de tensión, permite que el Espíritu Santo te llene de la paz de Cristo.


Es sencillo, si estás buscando el rostro de Dios y buscando hacer su voluntad, permanecerás lo más pegado posible a sus mandamientos y esto mantendrá al Espíritu Santo guiandote y recordándote lo que te aleja de su voluntad, cuando decidas corregir tu camino basado en buscar lo que Dios quiere de tí, allí estará la clave, todo lo que suceda estará al control de Dios, tooooodooooo, lo bueno y lo malo, la llanta que se reventara, la situación financiera que enfrentarás, un problema legal que te reste recursos, fuerzas y tiempo, cualquier cosa que pase estará al control de Dios, y allí estará la paz que Cristo nos dejó, sin importar como luzca la tormenta, estarás tranquilo y en la perfecta paz que sobrepasa todo entendimiento.


Oremos: Padre hoy entiendo que tu Espíritu Santo nos fue dado para consolarnos, ayudarnos y recordarnos cuando nos apartemos de tu voluntad, pondré todos mis sentidos y mis esfuerzos en buscar tu voluntad, seguro estoy que tú me mostrarás el camino y todo estará en tus manos, como cuando estabas con los discípulos y la tormenta se agitaba y tu solo descansabas, dormiré tranquilo y en paz sabiendo que tu estas al control y que tu tiempo es perfecto. En el nombre de Jesús. Amén.