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Día 55: Entrégale tus cargas al Señor y Él cuidará de ti, Salmo 55:22

Pero qué difícil es darnos cuenta de las cargas que tenemos, usualmente simplemente vivimos un día tras otro y ni cuenta nos damos de las cargas que nosotros mismos nos ponemos encima y otras que quienes están a nuestro alrededor no ponen encima o aún peor aquellas cargas que el enemigo sutilmente pone sobre nosotros y ni cuenta nos damos.


Algunas veces es tan simple como detenernos un segundo un viernes como hoy, tomar una hoja de papel y un lápiz y anotar todas las cosas que nos tienen cargados, las preocupaciones financieras, de salud, y personales; tomar cada unos de estos puntos y separarlos en dos grupos. Esto nos ayudará a identificar, cuales están bajo nuestro control y cuáles no. Los que están bajo nuestro control como no gastar de más, cómo manejar nuestro carácter entre otros muchos, simplemente deben tener un acuerdo de nuestra parte que es lo que podemos hacer y lo imposible dejarlo en manos de Dios. Y con aquellos que no están bajo nuestro control, como una enfermedad, como una situación que no parece terminar ni tener solución, solo nos resta adorar a Dios y agradecerle por lo que está saliendo mal pero que nos está permitiendo aprender y está sirviendo para labrar nuestro camino a nuestro propósito.


El Salmo 55:22 dice en la versión reina valera: Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre. Si estás leyendo bien, no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre, te levantarás, saldrás del problema en el que estás, no permanecerás para siempre así, simplemente aplica justicia en lo que hagas, en tus relaciones en tus problemas en todo lo que hagas, luego entrégale a Dios tus cargas y entonces Él te levantará, cuidará de ti y estarás bien para siempre.


Oremos: Amado Dios, te entrego lo que estoy viviendo hoy, no puedo más, estoy cansado, agotado, rendido, pero reconozco que no puedo sin tí; voy a hacer los acuerdos contigo y te prometo cumplirlos y buscar ser mejor para tí, sé que entonces tomarás mis cargas y mis aflicciones y me sostendrás. Gracias por el favor que recibo de tí, aún sin merecerlo, en tu nombre Jesús he orado. Amén.