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Día 46: Tu eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío. Salmo 91:2

Dios es nuestra protección, un refugio cuando tenemos miedo. La fe del escritor, en el Dios todopoderoso como protector, lo sacaría airoso de todos los peligros y temores de la vida, Esto debe ser un ejemplo también para nuestra confianza: cambiar todos nuestros temores por la fe en Dios, sin importar que tipo de temor sea. Para hacerlo debemos habitar y morar con Él. Encomendarnos a su protección y al prometerle nuestra devoción diaria estaremos seguros.


Muchas situaciones en nuestra vida a diario pueden causar temor, Dios en la biblia nos enseña que debemos conquistar las tierras que Él tiene para nosotros y cada día Dios nos da tierras nuevas, un trabajo nuevo, un reto con los hijos, un cambio de ciudad, un problema por resolver o cualquier cosa que signifique cambio. Tenemos dos formas de afrontarlo, en nuestras fuerzas o usando esta poderosa palabra.


Este capítulo comienza diciendo en el versículo 1, El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso. (Salmo 91:1 NVI) y posteriormente declara, que Él es nuestro refugio, nuestra fortaleza. El Dios en quien confiamos. La mejor forma de afrontar cada lucha que tenemos a diario es estar permanecer al abrigo del altísimo y declarar que es Él nuestro refugio, nuestra fortaleza y en quien confiamos.


Morar significa residir o habitar en un lugar determinado, y residir significa vivir habitualmente en una casa, un país u otro lugar determinado, en este caso significa vivir constantemente en la presencia de Dios, tener tiempos de oración y de reflexión con Él, cuando habitas en un lado eres responsable por mantener el lugar limpio, por pagar tus impuestos, por seguir las reglas que están puestas, habitar en la presencia de Dios es igual, cumplir con su mandamientos, mantener la comunicación, pasar buenos momentos, etc.


La pregunta es? habitamos en la presencia de Dios o hemos permitido que varias cosas nos saquen de su presencia? si este es el caso pongámonos nuevamente a cuentas por su gracia y por el valor de la sangre de Jesús en la cruz y volvamos a morar en su presencia, allí tendremos su cobertura, su protección su amparo e incluso las demás promesas contenidas en el salmo 91.


Oremos: Amado Dios, perdón nuevamente, por esas cosas que me han querido sacar de tu presencia, perdón por mis comportamientos que me alejan de tu presencia, realmente creo que sin ti nada puedo hacer, que te necesito en todo lo que yo haga, que si tu estás conmigo nadie está contra mi, y que mientras esté bajo tu abrigo estaré seguro, por eso, hoy vuelvo a ti, quiero estar aquí en tu presencia, atender tus instrucciones y servirte, que mi confianza esté en ti. Te entrego mis luchas, mis situaciones y cada batalla que estoy afrontando y que aunque a veces vea que estoy perdiendo, tu la ganarás a mi favor si solo habito bajo tu abrigo. En el nombre de Jesús. Amén.