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Día 44:El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.Prov 13:3

Tu no estás graduado (a) en dominio propio si aún no controlas lo que dices. Las palabras pueden herir y destruir. Santiago reconoció esta verdad cuando declaró: La lengua en un miembro pequeño pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !cuan grande bosque enciende un pequeño fuego! Santiago 3:5. Si quieres tener dominio propio, comienza con tu lengua. Detente y piensa antes de reaccionar o hablar. Si logras controlar este miembro diminuto pero poderoso, puedes controlar el resto de su cuerpo.


Los que siguen este patrón de controlar la lengua al hablar, piensan antes de hacerlo, saben cuando es mejor guardar silencio y dan consejos sabios.


Cuantas veces no hemos sido prudente y con nuestra lengua hemos acabado con personas, con relaciones familiares, con un historia de muchos años, solo con unas pocas palabras se distancia totalmente el corazón y podemos hacer mucho daño, algunas veces hasta un daño irreparable. Existe algo peor aún que es creer que cuando decimos algo después todo puede continuar con normalidad; pero solo estamos tapando el sol con un dedo, en algún momento esas emociones guardadas saldrán y entonces será aún peor que antes.


Dios ama cuando somos capaces de reconocer que herimos a otra persona, más que el contenido de las palabras, no importa si tenías razón o no, lo que hizo daño fue la forma en que usaste las palabras, quizás la fuerza en la voz que pusiste y la expresión que tenías en tu rostro.


Si hoy al leer esto sientes que dijiste algo y con esto le hiciste daño a alguien, discúlpate, primero con Dios por haber causado el daño y luego con esa persona, si puedes contactarla, dile desde tu corazón, independientemente de que te perdone o no estarás a cuentas con el Padre y entonces él te bendecirá.


Oremos: Precioso Dios, perdón por haber actuado así, perdón por permitir que de mis labios saliera tanto daño, perdón porque creí que estaba defendiendo lo mío, pero realmente tu me defiendes, nos dijiste que había un primer mandamiento que era amar a Dios sobre todo, pero también que había un segundo mandamiento, amar a los demás como a nosotros mismos, he faltado a ese mandamiento, pero te pido perdón, por la sangre de Jesús estoy a cuentas contigo y comenzaré a partir de hoy a solucionarlo, dame dominio propio para poder pensar antes de hablar y ser sabio con mis palabras. En el nombre de Jesús. Amén.