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Día 28: El Señor dice: Exterminaré a la langosta para que no arruine sus cultivos. Malaquías 3:11

En los versículos anteriores el pueblo en los días de Malaquías desobedeció el mandamiento de Dios de dar el diezmo de sus ingresos al templo. Quizá pudieron haber tenido miedo de perder todo lo que habían trabajado tanto, pero juzgaron mal a Dios en esto. !Dad y se os dará! dice el Señor en Lucas 6:38. Cuando damos, debemos recordar que las bendiciones que Dios promete no siempre son materiales y quizá, algunas no las experimentemos aquí en la tierra, pero con seguridad las recibiremos en nuestra vida futura con Él.


La langosta se refiere a la plaga que se come el fruto de nuestro trabajo, es todo aquello que se encarga de sacar dinero de tu billetera o mejor de tu cuenta, el carro que se daña, ese evento inesperado que te costará, incluso un robo o una perdida, cuando el promete esto te está diciendo, TE PROTEGERÉ y cuidaré tu fruto, nada sucederá y si pasa será por que Él lo permite y lo usará para tu bienestar.

Ahora bien, esta promesa de que es Él quien peleará por nosotros y exterminará a la langosta, en el versículo inmediatamente anterior tiene una condición, "Traed todos los diezmos al alfolí"; debes tener juicio propio para aprender a dar como el Señor quiere que des, lo primero que sacas de tus ganancias debe ser para Él, y no te digo que se lo des a los pobres, dice traedlo al alfolí, debes llevarlo a tu iglesia y ver que esa iglesia está creciendo y expandiendo la obra, ayudando a los necesitados, apoyando iniciativas que velen por los intereses de Dios. Si estás en el sitio incorrecto y no sientes paz al dar tu diezmo, alíneate a su voluntad y pídele que te revele donde debes estar y allí diezma, sin importar lo que los demás digan, sin importar lo que los demás piensen, eres tu y Dios, lleva tu diezmo a casa y verás como los cielos se abrirán de par en par y Dios cuidará de ti y de tus cosechas.


Oremos: Padre, anhelo tu protección, que reprendas por mí a la langosta que quiere robarse el fruto de mi trabajo, en el nombre de Jesús dispongo mi corazón para que me des revelación sobre el diezmo como tu palabra lo dice, que sea en el lugar indicado donde debo darlo, que sea de acuerdo a tu voluntad y que pueda plantarme y crecer donde me has plantado. Ayuda mi iglesia a llevar tu palabra a muchos que no conocen, abre caminos y puertas para predicar tu evangelio y sana nuestra tierra. Te honramos Señor, en el nombre de Jesús. Amén.